Viejas tetonas.
Viejas tetonas.
Caminaba lentamente, reprimiendo mi impulso de correr hacia su viejas tetonas puerta y lanzarme en sus brazos, como si en el fondo
quisiera sufrir un poco mas esa distancia que me separaba de la lujuria, disfrutando en cada paso de nuestros
recuerdos y regocijandome en el sufrimiento de mi propia represion. Viejas tetonas.
Mi lento peregrinar acabo ante esa barrera
silenciosa que escondia tras de si a esa persona, a ese hombre joven y apuesto, que habia conseguido descubrir en mi,
mis deseos mas perversos, deseos, que ni yo conocia y que fueron viejas tetonas fluyendo poco a poco impulsados por esa lujuria
morbosa que el despertaba en mi.
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